jueves, 27 de noviembre de 2008

GARANTISMO COMO PROTESTA SOCIAL

Hemos escuchado varias veces hablar sobre hechos delictivos cometidos mayoritariamente por delincuentes con antecedentes penales, recientemente excarcelados ó cumpliendo prisión domiciliaria.

De esta manera, se popularizó la idea de que los delincuentes detenidos "ingresan por una puerta y salen por la otra"... agregaría, de los Tribunales.

Se adjudica este fenómeno a diversos motivos, pero el que más me preocupa, es el de los llamados "Garantistas". Desde mi perspectiva, una deformación filosófica y hasta diría
ideológica de las garantías constitucionales de la que deberíamos gozar todos los ciudadanos.

Digo deformación, porque principios que fueron creados para asegurar la libertad de las personas, se han transformado en un método de protesta pseudo-revolucionario.

He podido constatar desde mi profesión y hasta como simple ciudadano, que detrás del "Garantismo" que muchos jueces sustentan, reside una voluntad de ejercer una "medida de protesta social" indirecta.

Esta deformación filosófica, sintetizando, se basa en las siguientes creencias: 1- Hay pobres porque hay ricos. 2- Los ricos no se preocupan por los pobres salvo cuando los roban. 3- Sólo cuando los roban y se genera inseguridad, se logra instaurar el debate sobre la pobreza y la marginalidad.

De esta manera, el "Garantismo" más que garantizar el derecho a la libertad se ha convertido en un "método de protesta", que partiendo de una "confusión" entre la víctima y victimario, utiliza la inseguridad para reclamar indirectamente por la "injusticia social".

No desdeño los condicionantes sociales, culturales y económicos de la delincuencia, ni la importancia de adoptar medidas que tiendan a mejorarlos, pero lo que de ninguna manera comparto es que sea necesario "deformar" las garantías constitucionales para lograr ese fin. Antes bien, lejos de mejorar esos condicionantes, los agravarán al desmejorar las condiciones para la formación de riqueza, afectando la seguridad y confianza del resto del tejido social.


Ninguna modificación económica, social, legal ó represiva dará resultados mientras esta concepción siga predominando en la justicia.

Esta deformación filosófica e institucional, tiene y seguirá teniendo una gravedad inusitada, dado que no sólo no logrará solucionar el problema de la marginalidad y la pobreza, sino que además, generará la pérdida del primordial objetivo de las garantías constitucionales que es garantizar la libertad. No sólo la de los delincuentes, sino la de todos los ciudadanos.

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