lunes, 28 de diciembre de 2009

EL ARTE DE LA SUTILEZA

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No me gustan los productos masivos, hechos a gran escala, para la mayoría, como si todos fuéramos iguales. Sin reparar en la calidad, en el diseño, en la sutileza.

Veo últimamente que esta tendencia predomina en casi todo. Nos ven como un número, no como personas, y así se fabrica, en serie. Predomina la idea de cantidad y precio por sobre la calidad. Esto pasa en la música, en la escritura, en los servicios profesionales, en los bienes.
Siento añoranzas por la precisión Suiza, por la tecnología alemana, por el diseño italiano, pero tal vez sea Japón el lider de esta idea. Por su dedicación, su actitud, por su mirada del mundo y de la cosas. Tal vez por eso esté escribiendo tanto sobre ese país. Pese a su occidentalización, sigue siendo para mí un símbolo de la sutileza.

El ikebana, el sushi, las geishas, su arquitectura, sus tradiciones, la actitud, su educación, su preocupación por la calidad lo confirman. En las antípodas, tal vez la visión china.
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La contratapa de este libro de “Taschen” que subí como ilustración me pareció una buena muestra de cómo se puede hacer algo significativo con algo tan simple, simbólico y tradicional como el arroz.
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Llevándolo al plano del extremo personal, me viene a la mente una frase de Rita Lee que decía: “detesto la multitud, conozco tanta gente sin atracción”…


Foto Google.

4 comentarios:

Fernando dijo...

Cuando puedo elijo los productos y servicios japoneses pr los mismos motivos que decís. Ojalá dure!

Magah dijo...

Rescato la sutileza de lo que distingue.
Los productos nos masifican, las personas que elegimos para andar la vida nos distinguen.
Ahí, aun se puede elegir.

astroboyesgay dijo...

Hay elecciones vitales.
Me admito como consumidora del mainstream y de objetos de culto.
Aprendí a disfrutar lo bueno de cada circuito.
Me divierte tomar un café en Starbucks y que le pongan un nombre a mi vaso. Degusto platos de comida vietnamita.
No hay polos opuestos ni contradicciones.
Pasa por tomar de la vida todo los que nos hace plenos.
Para Raymond Williams, lo contrahegemónico existía porque había un permiso desde lo hegemónico para darle una espacio. Y, tarde o temprano, lo contrahegemónico pasaba a ocupar el lugar de la hegemonía.
Eso sí, el arroz blanco y con un chorro de aceite de oliva.
Fantástico tu blog.

Ricardo Fasseri dijo...

Yo le agregaría un poco de salsa de soja... ja Gracias!!