domingo, 13 de marzo de 2011

JAPON: Del sacrificio a la reconstrucción.

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Harakiri, Kamikaze, Samurai, Hiroshima, Nagasaki, Sendai. Japón tiene tradición de sufrimiento, esfuerzo y “resurrección”.

De orígen imperialista, mezcló sutileza con guerra, dolor, sacrificio y crecimiento.

El país colonialista y guerrero, luego de Hiroshima dió paso al país del desarrollo en paz, reemplazando la violencia por la organización, las armas por la tecnología, la falta de territorio por el comercio con el mundo.

País en paz y sin ejército, se convirtió en potencia mundial por un formidable desarrollo tecnológico, económico y social.

Pero como mencioné, todo se hizo basado en una tradición de sumisión, dolor, sacrificio y organización social.

Su propia situación geográfica parece haberle marcado un destino de dificultad.

Japón es un conjunto de islas emplazadas sobre el límite de una placa en permanente fricción continental, es decir, sobre una bomba de tiempo que cada tanto explota.

Tal vez ese factor geológico, sumado al geográfico: una isla del tamaño de la Prov. de Buenos Aires con 120 millones de habitantes, con una carencia casi absoluta de fuentes de energía y recursos naturales, los ha obligado a ser organizados, a estar comunicados con el mundo, a volcarse al sacrificio y esfuerzo para sobrevivir y crecer.

En las últimas décadas, la sociedad japonesa había empezado disfrutar los logros obtenidos.

Se convirtió en uno de los países que exporta la mayor cantidad de turistas, desarrollaron objetos de tecnología de punta, sofisticados, combinando lujo y sutileza, incursionando con éxito en el mundo de las tendencias, la moda y hasta de la cosmética y perfumería.

Pero como karma que vuelve, cada tanto algo les hace recordar que son fruto del sufrimiento, del esfuerzo y del dolor.

El reciente terremoto ha sido devastador. No tiene sentido ya que hable de lo que todos saben. De la pérdida, del dolor, de lo irreparable. Pero sí me animo a hablar del presente y futuro. De sentir que el desafío de Japón está en reencontrarse con su tradición.

Una tradición que actualmente tal vez se contraponga en parte con el alto grado de occidentalización que habían elegido vivir.

Que seguramente deberá volver a producir productos de altísima tecnología. Que deberá volver hacerlo en su propio territorio para que no sólo se vendan por la marca-país, sino por la calidad que siempre los caracterizó y que se venía perdiendo por la intervención de mano de obra más barata de otros países que no tenían la misma calidad que la propia.

Por eso, creo que Japón tiene una gran oportunidad de volver a reconstruirse. A "resucitar". A volver a su tradición y el mundo se verá favorecido.

Porque tal vez vuelva a tener productos japoneses hechos en Japón. Porque la calidad, la sutileza y la organización, volverá a ser la piedra fundamental de un país modelo en ese aspecto.

Japón no dejará de ser una potencia occidental, pero deberá recrear su particular tradición para volver a ser lo que era antes del terremoto, ó tal vez, mucho antes también…
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Gracias Analía Gutiérrez por la foto. El tema es de Ryuichi Sakamoto.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Muy interesante perspectiva, muy lindo el tema de Sakamoto y la foto, q no es mía.
Ojalá el pueblo japonés pueda comenzar a recrear pronto..

Cariños,

Ana

Anónimo dijo...

Hermosa melodía.
Si,la tecnología japonesa era superlativa,espero que vuelva a ser la misma;no es casual,son muy disciplinados y reciben con gran placer el conocimiento,tengo la dicha de enseñar en aulas multiraciales y los chicos de origen japonés demuestran gran interés en lo que se les transmite,sobre todo en la materia que enseño.
País en paz y sin ejército,que lindo...
Me gustó la entrada,me motiva la integración de varios temas.
Besos
Andrea.

Javier dijo...

Muy interesante tu deseo que Japón siga y vuelva con tecnología hecha con sus propias manos. Es algo que se extraña más allá de que China y otros países haya abaratado todo a costa muchas veces de esa calidad perdida. Abrazo