jueves, 17 de marzo de 2011

Un Japón desconocido.

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Al leer el título, podrían creer que me estoy refiriendo a la típica foto que muestra un Japón devastado por el terremoto ó el posterior accidente nuclear, pero no.

Me refiero a las reacciones políticas que han “salido a luz” luego de tan lamentables episodios.

Ante todo, debo destacar que Japón es un país que admiro, que valoro y cuyos habitantes han dado sobradas muestras de un altísimo valor comunitario e individual. Pero voy a referirme a la conducción política de los acontecimientos.

En primer lugar, me ha llamado poderosamente la atención que un país tan organizado y precavido, haya desarrollado la energía atómica conociendo su altísima exposición sísmica.

En segundo lugar, la reacción posterior al accidente nuclear muestra un Japón para muchos “desconocido”, al menos, para quienes no siguen de cerca su política.

Durante el fin de semana pasado, la cobertura que hacían los medios internacionales con relación a la gravedad del accidente nuclear contrastaba notablemente con la que hacían los medios japoneses.

En esos días, uno no sabía exactamente quien decía la verdad. Porque estábamos ante medios de comunicación plurales, y supuestamente, de países donde predomina la libertad de prensa.

Apenas 48hs. después, quedó en evidencia que los medios de información japoneses no estaban informando correctamente, ocultaban ó al menos, desconocían la realidad de los hechos.

No sólo eso, en medio de la hecatombe, surgió la información que la empresa nuclear a cargo de las centrales afectadas, tenía una dudosa reputación en cuanto a difusión de información y desempeño empresario
(ver link).

Mientras la Comunidad Europea ya hablaba de situación “apocalíptica”, el propio primer ministro japonés sorprendía al mundo aceptando que estaba mal informado
(ver link).

Para colmo, siendo Japón una monarquía constitucional, es de estilo que el emperador ó rey según el caso, sean los primeros en dirigirse al país, en este caso, el emperador apareció ante el público recién ayer, es decir, varios días después del devastador episodio
(ver link).

Como dije al principio, esto puede sorprender tratándose de uno de los países más organizados y desarrollados del mundo.

Sin embargo, cabría tener en cuenta que Japón tiene una tradición burocrática y “estatista”, algo que para mi parecer al menos, es compatible con altos grados de corrupción.

El hecho de que haya grandes empresas privadas multinacionales, eficientes y altamente competitivas, no significa que en ellas no haya una fuerte injerencia política y estatal.

Tan es así, que el mundo muchas veces se ha visto sorprendido por suicidios (harakiri) de varios funcionarios públicos que se vieron desbordados por casos de corrupción y que los últimos primer ministros hayan sido seriamente cuestionados en cuanto a la conducción del país.

Por otro lado, el recelo y “manipulación” de la información tampoco me parece ajeno a países de raigrambre estatista. Muchos menos cuando además tienen una tradición nacionalista.

Digo, más allá de que es posible que los medios hayan querido mantener la calma de los más de 120 millones que habitan Japón, no es menos cierto que rayaron la desinformación ó tal vez, manipulación, y eso, más que parecer intentar mantener la calma, dió a pensar que quisieron evitar una intervención internacional, pecaron de una rara soberbia ó tal vez, intentaron defender la industria atómica que tanto necesita un país sin otras fuentes de energía.

De hecho, hasta último momento Japón se resistió a pedir y recibir ayuda internacional salvo algunas puntuales excepciones.

Es difícil evaluar la conducción de un país en una situación límite como esta, pero cuando se trata del manejo de la información y de un accidente que puede tener consecuencias dramáticas sobre la población e incluso, más allá de sus fronteras, muchos esperábamos una actitud de conducción diferente.

Más aún, el correcto manejo de la información tal vez hubiese permitido una mejor organización, un mayor grado de elección entre sus habitantes, en especial los extranjeros, pudiendo aprovechar los vuelos de aerolíneas comerciales antes que fueran suspendidos, y/o organizar una paulatina evacuación para aquellos que así lo desearan antes que la situación se agravara aún más como ya sucedió.

Como vemos, este país tiene también sus limitaciones y se perciben cada vez más graves. Algo que no llamaría tanto la atención en otros países del mundo, pero tratándose de uno que suele reconocerse como ejemplar, ante estas evidencias para muchos aparece como un Japón “desconocido”…
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Imágen de la bandera imperial japonesa.

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