miércoles, 20 de abril de 2011

¿Vamos hacia un régimen de "Partido Unico"?

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A simple vista, parece absurdo hablar de “Partido Unico” en un país donde hay decenas de partidos políticos. Pero a poco que nos pongamos a analizar de qué manera funciona el Poder en la Argentina, y como se está conduciendo parte de la oposición de cara a las elecciones presidenciales de octubre, la hipótesis se torna tangible.

Si analizamos la forma de conducción del Estado, vemos que tiene una injerencia cada vez mayor en la vida política, social y económica de los argentinos.

Los avances sobre los medios, las empresas, la oposición, y la acumulación sistemática de Poder que implica, junto con la recaudación extraordinaria de riquezas obtenidas vía devaluación del peso y crecientes ingresos proveniente de exportaciones, le dan al “justicialismo kirchnerista” un gran poder real. Hecho que además, se vió reflejado en las recientes elecciones provinciales de Catamarca, Chubut y Salta.

Pero es difícil sostener la idea de “Partido único” exclusivamente por la forma en que el Gobierno ejerce el Poder. Para que suceda, debe haber también un debilitamiento de la oposición, y de hecho la hay.

Si bien como dije, hay muchos partidos opositores, ninguno parece tener la fuerza, cohesión y adhesión popular suficiente como para disputarle el Poder al partido de gobierno.

Más aún, la mayoría de los partidos de oposición no se imaginan gobernando sin el justicialismo, es decir, con el mismo partido de gobierno aunque tenga otra orientación.

De esta forma, tal como venimos viendo en las elecciones provinciales, tanto el partido que gana como la primera minoría, tienen algún componente “justicialista”.

Podrán decir que el justicialismo tiene tantas variantes y candidatos que no se puede hablar de un solo partido, pero de hecho lo es. Y se puede apreciar especialmente en la práctica, como por ejemplo, en lo que se refiere al contralor de los actos públicos, de la corrupción y nombramientos de funcionarios de gobierno.

Es muy difícil pensar, mismo que estén ideológicamente en las antípodas, que dirigentes del mismo Partido sean investigados y/o juzgado por actos de corrupción mientras el mismo conduce el Poder.

De hecho, el “justicialismo kirchnerista” se ha pasado cuestionando la administración del otro ex presidente “justicialista”, Carlos Menem, sin que haya en la realidad ningún funcionario preso por los mismos hechos de corrupción permanentemente denunciados.

Por lo demás, todas las variantes del justicialismo, tienen en las provincias “punteros” y estructuras partidarias de base que son funcionales al Partido sea cual fuera el sector del mismo de que se trate. De hecho, terminan convirtiéndose en centros cívicos para-estatales de gestión, que hacen muy difícil el ingreso de nuevas ideas ó partidos. Justamente en las zonas con menor grado de educación, más empobrecidas, y también más populosas, es decir, aquellas que finalmente definen las elecciones nacionales como La Matanza en la Prov. de Bs. As.

Justamente por esa estructura de bases, el resto de los partidos consideran que no pueden llegar al Poder, y mucho menos gobernar sin la participación del Partido Justicialista. Es decir, algo similar a lo que sucede en los regímenes de “partido único”.

El costo ya lo conocemos. México tuvo al menos 100 años en el Poder al Partido Revolucionario Institucional (PRI), y más allá de la variantes locales, la sóla posibilidad de estar frente a un régimen donde no se puede gobernar sin la anuencia “del partido” ó de un partido determinado, hace que la institucionalidad, libertad y crecimiento de los argentinos pueda verse comprometida más allá de los avances económicos coyunturales.

La única forma que eso no suceda, es que algún partido de la oposición se anime a enfrentar las elecciones sin realizar alianza alguna con el justicialismo. A lanzar una plataforma con propuestas claras, contundentes y explicando cómo y con qué costos se concretarán las medidas. Algo que no se ve en el radicalismo, que parece estar yendo hacia una versión diluída del oficialismo, ni otros sectores que no pueden ni siquiera exhibir con contundencia los logros de su gestión en las ciudades que gobiernan.

Para eso se necesitan definiciones. Claridad, voluntad y entusiasmo. Asumiendo riesgos, olvidándose de las ideas demagógicas y populistas generales que ya entraron en decadencia, para dedicarse a garantizar la libertad, educación y crecimiento de los argentinos sin especular con los resultados electorales.

Basta con pensar el antecedente de la UCEDE en el pasado, que de obtener porcentajes inferiores al 7% en las elecciones generales, pasó sin apoyos a obtener cerca del 20% de los votos, y la posibilidad de haber accedido en algún momento al Poder, si no se hubiera antes desdibujado su postura en una alianza justamente con el "justicialismo menemista" gobernante.

Hay que retomar esa experiencia pre-aliancista como para creer que más allá de la ideología que se tenga, se puede gobernar sin el partido único, es decir, sin el justicialismo.


La foto es de Tina Modotti.

2 comentarios:

Luis dijo...

Muy interesante tu idea, parace un poco idealista pero la fundamentás muy bien. Hay que animarse! Abrazo

Santiago dijo...

Nunca me sentí cercano a las ideas de la Ucedé, pero recuerdo que en el 89? sorprendieron con una cantidad que casi ganan y eran un par de gatos locos. Es decir, con coherencia y arriesgando se puede evitar seguir concentrando poder en un sólo partido. Saludos