viernes, 24 de junio de 2011

¿Es real la relación entre "desigualdad e inseguridad"?

.


,
.







Una de las teorías más modernas y difundidas explica el fenómeno de la inseguridad relacionándolo directamente con la “desigualdad”.

En tal sentido, la Dra. Roxana Kreimer (autora del libro "Desigualdad y violencia social") es una clara exponente de esa visión, razón por la cuál, subí el video con una parte de su exposición en el Senado de La Nación.

Si bien relaciona también la inseguridad con otros factores como la pobreza, falta de educación, marginalidad, desocupaciòn, valores, corrupción estructural, la Dra. Kreiman no pone tanto énfasis en ellas como en la “desigualdad”.

No estoy seguro que esta posición explique por sí sola el fenómeno. Menos aún cuando avisoro detrás de esa postura, una clara posición ideológica que no comparto, disfrazada de cientificismo.

Me resulta aún menos convincente cuando vemos algunos de los barrios más humildes del conourbano bonaerense, donde la mayoría vive bajo las mismas condiciones y expectativas, contrastando con la de otros barrios linderos cuyas condiciones sociales generan un gran contraste de desigualdad, sólo una minoría delinque, siendo la mayoría gente honesta que se dedica con esfuerzo y dignidad a trabajar y educar a sus hijos.

¿Cómo explicamos entonces que la mayoría de la gente que vive y comparte los mismos factores y contrastes son trabajadores y no delincuentes?

¿Cómo se explica incluso, que los más afectados por la inseguridad sean aquellos vecinos que padecen las mismas limitaciones y crecieron bajo las mismas circunstancias de desigualdad y probreza?

Por otro lado, cómo se entiende, que habiendo mejorado en los últimos años la situación socio económica de mucha gente humilde y disminuído la desigualdad, los índice de delincuencia y violencia en ocasión de robo, hayan aumentado geométricamente?

No dudo que el mejoramiento de los factores mencionados rendundará finalmente en una disminución del delito y en una sociedad más justa, pero más allá de dudar del grado de mejoría que dichas medidas por sí solas lograrían, me pregunto: ¿Qué vamos a hacer mientras tanto?

Me hago esta pregunta porque esta teoría -que coincide con los llamados “garantistas” que operan en la sanción, interpretación y aplicación de la ley penal- implica un cambio de estructura social que en el mejor de los casos, llevará años, por no decir décadas. Y mientras tanto, se suceden cada vez más delitos, los cuales son a su vez más violentos, y lo que es peor aún, comienzan a ser perpetrados por bandas “organizadas” que luego terminan por enquistarse en el propio Estado.

En tal sentido, aún aceptando que esos factores ó condicionamiento de la inseguridad deben ser prioridad de una política de Estado interesada en solucionar los problemas de fondo de la inseguridad, es necesario que trabajemos también en medidas inmediatas hasta tanto se logre una cambio estructural.

Para eso, contrariamente a lo que sostiene la Dra. Kreimer en su libro, considero prioritario una modificación de las leyes de procedimiento penal.

No podemos dejar la gente al arbitrio de la delincuencia ó a espera de resultados de cambios políticos estructurales de largo plazo.

Recordemos que el proceso judicial penal está reglado por dos cuerpo normativos, la ley de fondo ó código penal, que tipifica los delitos y las penas, y la ley de procedimiento que establece la forma en que el juez debe interpretar y aplicar esas normas.

Lo que viene sucediendo, al menos en la Argentina, es que tanto las normas de fondo, y especialmente las de procedimiento, y hasta las reglamentarias, establecen sistemas de aplicación de penas, de cómputo, prescripción y excarcelación, que hacen del cumplimiento efectivo de las mismas algo casi ilusorio.

Es decir, aún en los delitos más graves, por aplicación y/o interpretación judicial de la norma, los condenados suelen volver relativamente rápido a las calles y al delito, eso, claro está, si logran antes detenerlos y no eluden la condena con subterfugios legales.

Si a esto le sumamos que el sistema carcelario, lejos de cumplir el mandato constitucional de recuperación y reinserción del condenado, se ha transformado en un lugar de castigo que agrava su condición, estamos frente a un fenómeno realmente grave.

Por tal motivo, pienso que resultará muy difícil mejorar las condiciones de seguridad del país mientras que no se reestructure el sistema penitenciario, y fundamentalmente, las normas que regulan el procedimiento, aplicación y cumplimiento efectivo de la pena.

En tal sentido, más allá de los factores de fondo que describí al principio y del tinte ideológico que los informa, el delincuente y quien está propenso a sumarse, percibe en cada sociedad la efectividad del sistema punitorio y de prevención.

Si estima que sus chances de salir exitoso de un delito son grandes, ó que en el caso de ser detenido, el cumplimiento de la pena será improbable ó reducido a un plazo muy breve por un simple informe de buena conducta firmado por personal del servicio penitenciario y/o judicial -muchas veces en forma irresponsable ó “interesada”- la propensión al delito será cada vez mayor frente a la búsqueda de trabajo digno.



Ni hablar si además cuentan con la justificación de este tipo de interpretación intelectual de la delincuencia.

Por eso, como escribí otras veces, si bien creo firmemente en las garantías de la Constitución Nacional, entiendo que son para todos los ciudadanos, y fundamentalmente, para quienes respetan las normas dictadas en consecuencia. Y que el “garantismo” no es más que una visión deformada de esa prescripción constitucional, que se utiliza -en la mayoría de los casos- como mecanismo de “protesta” ideológica y social, confundiendo al “victimario” con la “víctima” del delito.

Es por eso que, más allá del trabajo que hay que hacer sobre las causas más profundas de la inseguridad, es necesario efectuar, a la mayor brevedad posible, las reformas legales y penitenciarias necesarias para evitar que la vida e integridad de las personas, quede a merced de leyes y/o interpretaciones judiciales que finalmente protegen más a quienes delinquen que a los que viven dentro del marco de la legalidad y valores democráticos.



3 comentarios:

Liliana dijo...

Concido plenamente contigo. En el Uruguay, cuando empezaron con estas fundamentaciones teórico-científicas la realidad nos mostró otra cosa. Por suerte parece que empezamos a revertir el rumbo. Saludos charrúas!

Julián dijo...

Roxana Kreimer es una genia! especialmente en temas relacionados con la vida, el amor, etc. Con respecto al tema de seguridad realmente no coincido. Me parece muy teórica, ideologizada con poco contacto con la realidad. Saludos.

Ricardo Fasseri dijo...

Liliana, agradezco tu aporte porque Uruguay es un buen ejemplo que no habiendo aumentado la desigualdad desde que el Frente Amplio llegó al Poder, y habiendo incluso mejorado junto con la situación económica, la visión política de la inseguridad hizo que empeorara notoriamente durante el mismo período. Saludos

Julián, concido con vos en que la Dra. Liliana Kreimer es una filósofa muy interesante (por eso justamente puse este video) en relación a cuestiones de la vida, pero no coincido totalmente con su visión sobre la inseguridad, y especialmente, las implicancias políticas que esa visión igualitaria tiene. Especialmente, la utilización por parte de gobiernos populistas que lo contraponen con otro principio valioso como el de la libertad en todas los ámbitos de la vida. Saludos.