lunes, 13 de junio de 2011

¿Por qué desarrollo y medio ambiente se llevan tan mal?

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Durante los últimos días, hubo dos decisiones políticas con serias implicancias sobre el “medio ambiente” que conmovieron a gran parte de la comunidad interesada en el tema.

Una fue la aprobación por parte de la presidenta del Brasil, Dilma Rouseff, de la represa hidroeléctrica de “Belo Monte”, que afectará al Río Xingú, a las poblaciones y ecosistema que rodea su curso, al ser inundadas cerca de 400.000 hectáreas de bosque para dicho fin.

Esta medida se adoptó pese a la gran oposición que despertó desde hace tiempo en ecologístas y biólogos especializados, organizaciones sociales, políticas y judiciales.

La otra, las manifestaciones del presidente del Uruguay, José Mujica, con relación a las tierras de propiedad del Estado en lugares de alta vulnerabilidad y valor natural como son algunas zonas costeras del Departamento de Rocha.

El primer mandatario, trató con cierto desdén la importancia y el trabajo que realizan organizaciones ecologistas en la zona, y por otro lado, afirmó que esas tierras iban a ser vendidas porque el país necesitaba la explotación de esos recursos naturales y del producido financiero de su venta.

En realidad, ambas decisiones políticas son representativas de un largo proceso que se viene agudizando en las últimas décadas, y con especial énfasis en Sudamérica. Continente que viene creciendo a ritmos sorprendentes.

Crecimiento que trae aparejado los beneficios propios de ese proceso: economías más fuertes, mejores ingresos, menor desempleo, mejores perspectivas, etc. pero también grandes costos, entre ellos, la afectación del medio ambiente.

De hecho, gran parte de la mejoría de los países de la región obedece a la mayor demanda mundial de materias primas, en especial, de alimentos. Esto implica la necesidad de ampliación de las áreas cultivables, una mayor tala de árboles, afectación de ecosistemas, la manipulación genética, la contaminación de napas y cursos de agua y mar con agroquímicos, mayores efluentes, y reducción de áreas que son vitales para la conservación del equilibrio ambiental.

Asimismo, es sabido que el crecimiento implica también un mayor consumo de energía, una mayor emisión de contaminantes, entre ellos los gases de efecto invernadero, una mayor exploración y explotación de recursos no renovables, especialmente combustibles, sobrepesca, aumento de residuos, todo en desmedro de un desarrollo sustentable.

De derecha a izquierda del espectro político, parece que el desarrollo se lleva inevitablemente mal con el medio ambiente. Una controversia muy difícil de zanjar en un Continente donde por ahora se padece más la falta de trabajo y de oportunidades que la afectación del medio ambiente.

Sin embargo, es imprescindible que se pongan límites al accionar de los gobiernos y privados, porque en realidad, desarrollo y naturaleza no debieran llevarse tan mal.

En tal sentido, las demandas de cuidado del medio ambiente deben ser exigidas en las plataformas de los partidos políticos que se presenten a elecciones.

El desarrollo sustentable es posible. Sólo basta la voluntad política de dictar leyes que lo planifiquen, regulen, protejan, y el contralor y decisión necesaria de los funcionarios públicos y ciudadanos de hacer cumplir esa normativa y sancionar severamente a quienes las violen.

El caso de Uruguay podría ser un referente. Cuando hace pocos días el presidente Mujica dijo que había que “vender los médanos” de Rocha, en realidad es imposible, ya que existen en ese país al menos dos leyes nacionales, varias departamentales y la propia Constitución Nacional que directa ó indirectamente los preservan. Más aún, protegen la “franja costera”, impidiendo lotear y/o construir a menos de 150m de la línea de la pleamar. Es decir, la legislación pone límites a las decisiones políticas de lucrar con la naturaleza y la justicia las hace cumplir.



Podrá utilizar la tierra improductiva, algo positivo para el desarrollo, pero no vender "los médanos" como infelizmente afirmó hace pocos días, seguramente en forma metafórica ó grosera para referirse a tierras que el Estado mantiene en lugares turísticos estratégicos.

Lo importante es que los ciudadanos aprendamos a exigir la sanción de ese tipo de normas protectivas y regulatorias del desarrollo donde no las hay, y hacerlas cumplir cuando intentan ser violada a costa del futuro de nuestra calidad de vida y de las futuras generaciones.

Además de todo, debiera haber un interés mundial en la sanción de este tipo de normas, celebrándose tratados, mejorando los ya existentes y ampliando las adhesiones constitucionales a los mismos, tal como sucede con el resto de los “derechos humanos”.

Incluso, los organismos multilaterales de crédito y los mercados comunes, debieran exigir la sanción de normas y/o su cumplimiento como condición necesaria para comerciar y/ó prestar dinero.

Simplemente porque el derecho a gozar y mantener un medio ambiente sustentable no es sólo un derecho individual, colectivo y naciónal, sino un derecho humano universal, actual y de las futuras generaciones cuyo cumplimiento debe ser de interés mundial.


Finalmente, la foto del jefe indígena llorando por la confirmación de la obra que destruirá parte del ecosistema de "Belo Monte", no significa pretender quedarse en el pasado, sino un desarrollo sustentable.


Y si no fuera posible, si el desarrollo es contradictorio con la naturaleza, como dice la canción de fondo: "a pesar de mi ropa, yo también soy indio..."








La foto es de un jefe de la comunidad indígena de la zona de “Belo Monte”, llorando al tomar conocimiento de la decisión de la presidenta del Brasil de construir la represa hidroeléctrica en la zona.

4 comentarios:

MAGAH dijo...

Que tema Ricardo!
La foto es por demás de elocuente, llanto, dolor, indiganción y resignación!

Julieta dijo...

Es un dilema que no se si tiene solución. Interesante que te intereses en estos temas también. Saludos

Mariní dijo...

..tu post me trae la reflexión q hace días me da vuelta... hay un curso de evolución-vida,muerte- que nadie puede detener. Lo pensaba con respecto a la salud tb... un ciclo que se cumple nadie puede modificar su tiempo terminado... Nuestro planeta no está afuera de este tempo de nacimiento-muerte... aunq suene raro.
Pero si podemos ver la calidad de ese tiempo que nos toca, no se si ralentando, pero si cuidando lo que hay.
Que hoy dejáramos de talar bosques. por ej. y contaminar aguas. Puede hacer que el resto de las crisis sean menos extremas...
quizás, es una visión muy "taoísta" pero ellos, se bien que pensaban en tener una vida tranquila y buena, solo para cumplir lo que aquí venimos a cumplir...

gracias Ricardo, como verás me inspiró tu visión,,,e irá a un post Cieloytierra seguramente.

abrazos para vos y para todos.

Ricardo Fasseri dijo...

Abrazo Mariní.