viernes, 2 de septiembre de 2011

El "Caso Candela": Una afrenta institucional.

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En primer lugar, el “caso Candela” es una afrenta institucional.

La madre de la víctima había sido recibida por la Presidenta de la Nación apenas tres días antes que apareciera el cuerpo de su hija, lo cual supone, el apoyo total del máximo representante del Estado Nacional.

El delito se perpetuó igual, y no sólo eso, fue arrojado a plena luz del día, a menos de 30 cuadras de las casa de la víctima y en medio de uno de los mayores operativos de rastrillaje policial conocido con casi 2.000 efectivos en la zona.

Podría haber sido arrojado en el Riachuelo, en Catamarca, en un lugar alejado de la escena del crimen, pero no, fue tirado en la “cara” misma de la institucionalidad del país.

Interpretarlo de otra manera es correr el riesgo de no entender nada.

Veo con asombro y preocupación la interpretación de muchas personas, analistas y medios.

Aquí ya no importa tanto el móvil, ni siquiera quedarse en la conmoción que produce que la víctima haya sido una niña, obviamente inocente, de sólo 11 años de edad.

Aquí hay algo mucho más grave, que tiene repercusiones hacia el pasado y hacia el futuro de la Nación. Vamos a permitir que las mafias tengan más poder que el Estado?

Así como en la economía se dice que muchos votan con el bolsillo, en temas institucionales parece también que muchos se mueven por egoísmo.

He visto con preocupación, como algunas personas -especialmente padres de niños semejantes a la víctima- encontraban un alivio al conocer el contexto familiar de la víctima ó los aparentes móviles de delito.

Pasaron de poner fotos de la niña buscada en el perfil de facebook, a disfrutar del alivio que el tema no ponía en riesgo a sus hijos.

Lo que no entienden, es que en la "mira" estamos todos. Al menos, todos los que pretendemos un país ordenado en base a instituciones sanas y eficientes.

También la política “metió la cola” en el asunto. ¿No tomaron en cuenta acaso que casi en forma simultánea con la confirmación del hallazgo del cuerpo de la víctima, se trasmitía “en cadena” uno de los tantos llamados extorsivos que había recibido la madre de la víctima?

¿Cómo se tenía seleccionado y editado tan rápidamente el mensaje como para dárselo en forma inmediata a la prensa? Una única grabación dentro decenas de llamadas interceptadas, y con varias de parecido tenor...

Como si institucionalmente, se hubiera querido amortiguar el estupor social diciéndole a la gente, en forma casi simultánea: “no se preocupen, no es un problema de seguridad, es un problema entre bandas…” Y mucha gente así lo interpretó. Y así se alivió.

¿No se dan cuenta acaso que las líneas telefónicas suelen ser intervenidas el mismo día de la denuncia de la desaparición de la persona? ¿Que no sólo la policía, sino también el Poder Judicial y Ejecutivo suelen tener conocimiento de todas ellas? Que incluso se hace inteligencia sobre el caso?.

Si le reclaman a la madre que no pagó ó devolvió un dinero, por qué no se reclamó al Estado que lo hiciera y luego se arreglaban las cuentas con al niña a salvo?

Por otro lado, si fueran ajustes de cuentas entre bandas de piratas del asfalto, narcos ó lo que sea, en qué cambia la situación?

¿En qué cambia si algún familiar de la víctima tenía antecedentes ó era delincuente? Acaso alguien puede pensar que esa niña que se veía bien cuidada en la gran cantidad de fotos aportadas por la familia, haya sido moneda de cambio por su propia madre? ¿No es ser un “negador” pensarlo así? Alguien se siente más seguro como padre si ésta es la explicación?

Parte de la sociedad y las autoridades, parecieran no comprender que igualmente resulta una afrenta al poder del Estado. Que sea cual fuera el móvil, operan ó ajustan cuentas en el seno ó en la cara del su poder institucional.

¿No sienten acaso que tanto las fuerzas policiales, judiciales y hasta autoridades políticas han quedado complicadas en el caso? No digo que estén necesariamente involucradas por acción, pero ¿no pueden quedar involucradas también por omisión ó por notoria ineficiencia, y que a partir de ahora la prioridad sea justificar y/ó justificarse?

Es que sosteniendo sistemas procesales penales que son flexibles al momento de conceder excarcelaciones, ó libertad condicional a los condenados. Permitiendo que más allá que los autores de delitos hayan sido apresados y condenados, muchas veces el botín queda en manos de las organizaciones delictivas.


Prestando más atención a los derechos de los victimarios que al de víctima, dejando prescribir delitos, adoptando posturas “garantistas” y sistemas penitenciarios deficientes, ¿no estamos favoreciendo este resquebrajamiento del poder institucional?

¿De qué manera el Estado tiene el poder y la eficiencia para evitar que su territorio no sea escenario de vandalismo y crimen organizado? Qué se está haciendo para evitarlo? Cómo haremos para que finalmente el Estado no sea penetrado por dichas bandas como ya sucede en otros países del mundo? Pueden los ciudadanos, padres ó quienes sean, estar tranquilos solamente por conocer el contexto familiar de la niña ó los móviles del homicidio como alejados a su estilo de vida?

¿No creen que finalmente, de consolidarse esta afrenta institucional, si sus hijos salvan la vida pueden igualmente perder su futuro?

Me parece también irresponsable que se siga cuestionando a los medios por cualquier cosa. Le imputan la difusión del caso, y qué piensan que sucede en cualquier país del mundo cuando un caso así toma trascendencia pública?

Los critican también por cubrir sólo algunos casos de diferente forma. ¿Acaso pueden los medios ocupar todas sus páginas para cubrir todos los días todos los casos similares que suceden en el país? No dirían entonces que son “amarillistas” y/ó complotan contra el Gobierno al intentar agravar la “sensación” de inseguridad?


Hablan de que generaron miedo a los captores. ¿No piensan que si tuvieran miedo no hubiera arrojado el cadáver de la niña en la forma arriesgada que lo hicieron?

Creo que más allá del dolor que podamos sentir por la niña, debemos tomar seriamente el tema de la seguridad. Y esto puede ser política, porque en definitiva, casi todo lo es, pero no es política partidaria.

Aquí no está en juego ningún partido. Se trata de colocar el tema de la seguridad como “Cuestión de Estado”.

De dejar las ideas y debates de “bar filosófico” para ese ámbito.

El idealismo e infantilismo “progre” para el arte, y proponer para las próximas elecciones ó antes si fuera posible, la implementación urgente de medidas concretas, reales, que dejen de lado todo delirio cósmico e interés político y/o personal, para poder restablecer el orden institucional, el funcionamiento pleno y efectivo del Estado de Derecho con todo el poder del Estado. Para evitar que el delito, las mafias y el crímen organizado, no sólo compita, sino termine por ganarle potestad y competencia a las instituciones democráticas que nos representan.

Que nos representan ó deberían representar como ciudadanos de un país libre. Asegurando nuestros derechos inalienables a la libertad, a la educación, a la salud y a la seguridad, que por nuestra Constitución, son las únicas obligaciones fundamentales que el Estado debe garantizar para ser un Estado. Un “estado de derecho".





La foto es de "imagenfoto.com".

1 comentario:

Yanina dijo...

Como siempre, impecable tu mirada desde otro lugar,
A mi me asombró en este caso, como la opinión pública fue condenando a distintos actores (medios, delincuentes, gobernantes, policía, familia)a medida que surgían nuevos datos...

Me gusta tu mirada, siempre acompañada de reflección, sin condena.