sábado, 10 de septiembre de 2011

El fenómeno de Roger Waters en la Argentina.












Roger Waters viene a la Argentina, y lleva vendidas ocho fechas en el Estadio Monumental de River Plate. Un record sin precedentes para el músico y para la Argentina, superando a Soda Stereo y a los Rollings Stones.

Mucho se ha especulado desde la crítica especializada en cuanto a los motivos del suceso. Se habla de que pese a que viene sólo R. Waters, se ha logrado “vender” la idea de Pink Floyd en pleno a través de uno se sus mayores emblemas: “The Wall”.

También se justificó en el hecho de que más que un recital de música, se trata de un verdadero espectáculo al estilo “Broadway”, y también -obviamente- en las buenas condiciones económicas del país.

Sin embargo, todos estos argumentos parecen insuficientes al momento de justificar semejante fenómeno.

Sobre todo si tenemos en cuenta que ni Paul Mccartney el año pasado, ni el mismo Waters, en sus dos visitas anteriores, lograron siquiera llegar al 25% de esta convocatoria. Máxime cuando el álbum y film “The Wall”, no es un producto novedoso sino que tiene más de dos décadas en el mercado.

Creo entonces que además de los argumentos precitados, hay que buscar una explicación más profunda en el sentir social de esta convocatoria.

Tengan en cuenta, que ni siquiera en Londres ó Berlin -la ciudad natal de la banda y la del muro emblemático respectivamente- se produjo un fenómeno semejante.

Creo entonces que hay que ir a buscar en el “inconsciente colectivo”, en la temática que inspira el espectáculo y el momento especial que vive la Argentina.

En efecto, “The Wall” nació como una representación reactiva a dos fenómenos que marcaron Europa: los “movimientos de masas”, representados en el Nacional Socialismo Alemán de Hitler, el facismo italiano de Mussolini, y la contrapartida comunista de los países del Este. Y en las antípodas de los mismos, el conservadurismo pacato y rígido, acunado en la educación inglesa

Todos esos "extremos", aparecen como una amenaza a los procesos de individuación personal. Donde los movimientos de masas (sea comunismo ó nacional socialismo), ó la propia visión “conservadora" antagónica a los mismos, tendían a masificar al individuo. A borrar los rasgos personales, tan distintivos y propios como la “huella digital” de cada uno de nosotros.

En países como Argentina, Venezuela, Cuba ó incluso muchos otros de signos políticos opuestos, la manifestación de la visión personal se ve juzgada, cuestionada por una visión mayoritaria que la oprime, que la condiciona, la desprecia y la inhibe en su propia creación cada vez que se aleja del ideario social masificante.

Creo entonces, que a nivel inconsciente, la magistral obra de Pink Floyd toca la fibra más íntima del "ser" individual tan fuertemente arraigado como reprimido, que existe en cada argentino.


Un "mirada" singular, que nos ha hecho destacar como individuos en todo el mundo en las más variadas disciplinas, desde las ciencias hasta el deporte, pero que cuando las sometemos a la reglas sociales de la hipocresía, y la declamación populista y culposa, la aniquilamos. Convirtiéndonos en infantes malcriados, habitantes de un país rico, que por mala educación y visiones populistas, fascistas y vulgares, vivimos anulando todas nuestras riquezas materiales y humanas individuales.

Comparativamente con un mundo de recursos escasos, de conflictos regiliosos, sociales y étnicos, somos los niños caprichosos del colegio privado londinense disfrazados de tercer mundo, que pasados por la masificación cultural y política, vamos como chorizos al Monumental durante ocho días a exorcizarnos. A juntarnos en masa para recordar que somos individuos diferentes, únicos. Tan personales como el personaje encarnado por Bob Geldof en el film mencionado.

Tan únicos como el ser que inspiró el personaje, la idea y el nombre.

Tan singulares como Syd Barrett, el fundador de Pink Floyd…

3 comentarios:

La Flor Azul dijo...

Son excelentes...
Saludos!

Ricardo Fasseri dijo...

Coincido Flor! qué linda flor azul! saludos.

Anónimo dijo...

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