jueves, 3 de noviembre de 2011

Control cambiario y Confianza






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Luego de las elecciones presidenciales, la agenda económica del Gobierno estuvo signada por los "controles de cambio".
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Lo que el Gobierno ha hecho, es exigir una autorización previa por parte de la AFIP para poder acceder a la compra de divisas extranjeras. Dicha autorización depende de la "consistencia" fiscal de la persona.
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Esto quiere decir que de la capacidad de ganancia, gastos y ahorro, surge un monto estimado suceptible de ser comprado en moneda extranjera.
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En realidad, este sistema siempre existió. Ninguna compra ó venta de muebles ó inmuebles, puede ser realizada en forma "inconsistente". Es decir, no se puede comprar nada sin recursos que previamente hayan sido declarados ante la AFIP. La diferencia ahora radica en que antes, las inconsistencias podían ser detectadas y generar una fiscalización, inspección y eventual sanción "a posteriori".
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De hecho, este sistema general sigue vigente, lo que se ha anticipado como condición previa y necesaria, es que la AFIP autorice la operación de cambio en base a mismo método general.
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En tal sentido, esta medida de control cambiario no podría generar mayores cuestionamientos, si no fuera porque detrás de ella, es inocultable que se intenta cubrir otros problemas de diversa índole que la estrictamente fiscal.
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No cabe dudas que estas medidas de control, no tienen como finalidad generar mayor apego al régimen tributario, sino, por el contrario, tiene como único objetivo desalentar y restringir la demanda de divisas extranjeras, que entiendo, el Gobierno pensaba que podía llegar a ceder luego de las elecciones, hecho que no sucedió.
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Un ritmo de "sangría" semejante, hubiera puesto en jaque al gobierno en el mediano plazo. Ahora bien, era esa la mejor forma de frenarlo?
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En primer lugar diría que estas medidas son más eficientes para controlar el sector formal y hasta minoritario de la economía que el que puede llegar a hacer grandes transacciones, que bajo diferentes instrumentos más costosos y sofisticados, lo sigue haciendo sin pasar por estos controles.
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Por otro lado, el fenómeno de la compra de divisas tiene un trasfondo que hasta ahora, el gobierno se ha demorado en reconocer y por lo tanto tratar: el proceso inflacionario y la consiguiente fuga de capitales que desde hace ya tiempo viene sufriendo el país.
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Ante la falta de reconocimiento y tratamiento adecuado de estos problemas, lo primero que se genera en los mercados es "desconfianza", y con ella, el reflejo tradicional del argentino fue siempre buscar refugio en monedas que considera "fuertes" y luego, la fuga.
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Digo "reflejo" porque en este momento -como nunca antes- el dólar muestra una debilidad inédita, a punto tal que el mismo día que aquí se decretaban restricciones a la compra de dólares, en el Japón recientemente destruído por el terremoto, tsunami y accidente nuclear, el dólar se cotizaba al nivel más bajo desde la Segunda Guerra Mundial.
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Cabe preguntarse entonces, si esos controles cambiarios son una solución para el problema de fondo. Desde ya que no. No soluciona ni la inflación, ni la fuga de capitales, y contrariamente a generar confianza, genera una expectativa casi irracional hacia una moneda en problemas.
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Desde la convertibilidad, pasando por la flotación administrada del tipo de cambio y las actuales restricciones, el problema ha sido siempre el mismo: "poner el carro por delante del caballo".
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Creo que la idea que debiera predominar es reconstruir la plena "confianza" sobre el sistema económico y financiero, dejando que la gente opere libremente en él.
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En un momento donde el Banco Central tiene aún una abultada cantidad de reservas, hubiera sido de esperar que se tomaran medidas de fondo para corregir las causas de la desconfianza. En especial, reconociendo la inflación, demostrando que no sólo se está atendiendo el problema sino que además, se exhiben índices reales que permitan creer en un enfoque real y efectivo.
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Realizando las reformas estructurales necesarias para frenar la inflación, dando mensajes claros hacia dónde van las medidas y ofrenciendo todos los dólares que el mercado demande -sabiendo incluso que quien los compra, en algún momento puede estar haciendo un mal negocio-. Así, lo primero que se empieza a recobrar es la "confianza".
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Con el aumento de la confianza, la situación se iría regulando paulatina y naturalmente.
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El Gobierno ha elegido otro camino. Al parecer, restringir la compra de dólares, aumentar los controles en forma casi policial, acentuando la desconfianza y luego hacer algunos cambios de fondo, tal como pareciera empezar a hacerlo con la eliminación de algunos subsidios.
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Siempre consideré que es mejor atacar las causas de fondo, y respetar la libertad total del deseo de la gente para no "hacerle el juego" al temor y desconfianza.
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Finalmente, el resultado siempre lo dará el haber diagnosticado y tratado correctamente las causas de fondo, y nunca las medidas de forma.
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La compra de dólares, la fuga de capitales, la falta de confianza, no son más que consecuencias de causas estructurales, y alterar el orden de los factores, en este caso, podría llegar a alterar el producto, ó al menos, crearle un doble trabajo al "caballo de la confianza" que tiene que mover al país desde atrás.
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La imágen es de Google.

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