lunes, 5 de diciembre de 2011

Estado: intervención y subsidios

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Como regla general, considero que el Estado debe intervenir fundamentalmente para brindar educación, salud, seguridad y justicia a los ciudadanos.
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Es para mí lo deseable y lo que básicamente establece nuestra Constitución Nacional. Su intervención en la economía debe ser exclusivamente con el fin de garantizar la mayor extensión y calidad de dichas prestaciones a la sociedad.
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No comparto, ni es mandato constitucional, que el Estado sea "comerciante". De tal manera que intervenga en el mercado de forma que altere sus señales, las que en la práctica, son el equivalente del voto político ciudadano en el área económica, materializado mediante las millones de decisiones diarias que tomamos al comprar, vender y/o ahorrar.
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Cuando el Estado interviene en la economía más allá de los fines indicados. Cuando actúa como "comerciante", no es sólo que no me guste ó pueda ser inconstitucional, sino que finalmente no suele ser efectivo, ó peor aún, suele generar efectos contrarios a los buscados.
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Dado que el Estado es el órgano político-ciudadano donde se concentra el Poder de decisión, muchas veces se ve tentando a exteriorizar su voluntarismo político en un exceso de intervención, lo cual, como anticipé no suele brindar buenos resultados.
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Sin embargo, y pese a lo expuesto, existen situaciones excepcionales donde el Estado puede y debe intervenir activamente en la economía. Dicha excepcionalidad podría tratarse, por ejemplo, de una catástrofe natural, una guerra, ó bien, una grave crisis socio-económica.
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Este último caso fue el que justificó su intervención en la Argentina del 2003. Para salir de esa situación, la intervención del Estado en la economía resultaba al menos necesaria.
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En ese tipo de eventos, no se puede decir que el mercado pueda dar señales claras, que funcione correctamente, dado que opera guiado más por el miedo, la desesperación ó estado de necesidad, que por la voluntad libre de la gente.
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En la mencionada crisis argentina, el Estado intervino notoriamente en la economía, empezando por el dictado de normas confiscatorias de los ahorros, siguiendo por la devaluación, y finalmente, con una serie de medidas como los controles de precios y subsidios.
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Algunas de esas medidas rindieron sus frutos. Entre ellas, los ¨subsidios¨ fueron necesarios para reestablecer el clima de paz social, y como forma de reanimar un mercado muy deprimido ó inexistente.
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El problema de los subsidios, al igual que sucede, por ejemplo, con los controles de precios, es que suelen dar resultados positivos inmediatos, pero no son sostenibles en el tiempo. Simplemente porque terminan alterando el mercado al tergiversar sus señales, y finalmente, afectan toda la economía.
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Dichos subsidios, otorgados en forma amplia y generosa, a punto tal que hasta se subvencionaba la electricidad que consumían los bancos y casinos de todo el país, debieron ser retirados mucho antes, apenas la economía empezó a dar signos de recuperación. Sin embargo, la tentación política de mantenerlos, hizo que se perdiera confianza en el sistema económico-financiero, y entre otras razones, creara incertidumbre fiscal y distorsiones que contribuyeron a un clima de desconfianza y fuga de capitales.
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Por qué no se retiraron antes? simplemente porque son medidas típicas de gobiernos populistas, es decir, que no sólo se utilizaron correctamente para salir de una crisis, sino también para permanecer en el Poder, hasta que comenzaron a percibir que finalmente, lo perderían si no tomaban alguna medida con ellos...
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Por lo demás, hubiera sido un "suicidio político" haber anunciado la medida en la reciente campaña electoral. Dado que como es sabido, el Estado hace sentir los efectos positivos de sus asignaciones directas, mientras sociabiliza sus costos en forma tal que tienden a pasar desapercibidos. Desapercibidos hasta que, como viene pasando, comienzan a hacerse sentir, entre otras formas, a través de la inflación y presión sobre el tipo de cambio.
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Por tal motivo, comparto la idea de retiro gradual de subsidios, mismo que sea en forma tardía y hayamos perdido la porción de confianza que brinda tomar estas medidas a tiempo y dentro de un plan que haga pensar en una adecuación a un nuevo rumbo.
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Más allá de mi discrepancia con la naturaleza que se le asigna a las subsidios, y la oportunidad para retirarlos, lo que más me preocupa en este momento son otras cuestiones, que las puedo resumir en las dos que considero más importantes. 
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La primera, es que los mantengan a los sectores que consideran su electorado. En este caso, se obtendría mayor eficiencia económica, pero se estaría perpetuando medidas que finalmente terminan generando conductas que no son las dignifican a los humildes ni honran a un país que pretende movilidad social en libertad.
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Ese sector que permanezca subsidiado, organizará su "plan de vida" en base a una medida que no puede ser ´¨crónica¨, que lo hace dependiente, adicto, y que finalmente, desactiva su iniciativa individual.
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Por otro lado, creará un grupo políticamente cautivo del gobierno, ya que ese grupo de ciudadanos, tendrá muy claro que si cambia quien lo seleccionó para permanecer como beneficiario, podría llegar a perder su calidad de subsidiado ante un eventual cambio de gobierno.
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Es decir, los subsidios son instrumentos de excepción, para circunstancias excepcionales. No son positivos cuando se los pretende instaurar como forma habitual de hacer política.
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No pueden y ni deben convertirse en la forma de vida de las personas.
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El otro punto que me preocupa, es saber exáctamente qué van a hacer con las partidas presupuestarias que sean desafectadas de la concesión de subsidios?
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Sería deseable que fueran invertidas en seguir mejorando la salud pública, la educación, la justicia y la seguridad, y/o en mantener las condiciones de estabilidad macroeconómica.
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Sin embargo, si dicho dinero se utiliza de otra forma. Si se lo sigue utilizando para operar politicamente sobre la sociedad, por ejemplo, manteniendo ó creando puestos de trabajo en la actividad pública innecesarios, improductivos, que sólo sobrecargan gasto público como venía sucediendo con los subsidios ahora eliminados, no sería un buen destino.
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Quiero y espero, que la meta final del gobierno sea algún día eliminar por completo los subsidios, y hasta tanto eso suceda, reoriente dichos fondos al cumplimiento de sus obligaciones constitucionales básicas descriptas al inicio, y que su eliminación sirva como símbolo de la toma de un camino diferente, que apueste por el crecimiento personal de sus ciudadanos en todos los órdenes de sus vidas, y fundamentalmente, en libertad.
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La foto es mía, derechos reservados.

2 comentarios:

Miguel de Esponera dijo...

El subsidio de agentes económicos tiene que ser completamente excepcional: de acuerdo. Aunque deberíamos precisar cuál es la diferencia entre "subsidio" y fomento.

Para mí la excepcionalidad del subsidio ha de entenderse no (solo) desde el punto de vista temporal, sino también desde el político: sólo están justificados los subsidios que persigan (eficazmente) objetivos POLÍTICOS asumidos democráticamente, y ello, naturalmente, aunque distorsionen el mercado (el mercado no tiene valor de límite al legislador, en un sistema constitucional).

Así, pueden estar justificados subsidios que compensen límites a la propiedad por éxigencias medioambientales, o que permitan a ciudadanos excluidos del mercado de trabajo un mínimo vital digno, a condición de que nunca les resulte más rentable el subsidio que la búsqueda denodada de inserción en dicho mercado.

En definitiva, digo más o menos lo mismo que usted en su interesante post, pero colocando los acentos en vocales distintas.

Ricardo Fasseri dijo...

Coincido totalmente con vos Miguel.