domingo, 27 de mayo de 2012

La Argentina y los "controladores".

















Hay un tipo de personalidad que se le dió en llamar "controladores".

Son aquellas personas que quieren tener todo bajo control. Una mezcla de omnipotencia con miedo que los lleva a creer que todo puede ser controlado, y de esa forma, bajar el miedo intentando tener todo lo que los rodea bajo control y suceptible de ser modificado con la voluntad.

Este tipo de personalidad tiene también su correlato político.

Lamentablmente, hay tantos funcionarios e ideólogos "controladores" en la vida pública como los hay en la vida privada de todos nosotros.

Es que ese pensamiento voluntarista, y ciertamente un poco fascista al no respetar la voluntad ajena, ha logrado una gran cantidad de adeptos en el mundo de la política.

Así como sucede en el fútbol, se cree que toda medida orientada por la voluntad produce los efectos deseados, desconociendo que una sociedad, al igual que cada individuo, es ciertamente caótica, variada, y no responde necesariamente a los parámetros impuestos.

En la Argentina de estos días se puede observar este fenómeno de manera tan clara como patética.

La visión del Gobierno de querer manejar y controlar todas las variables económicas, y por lo tanto, también las conductas sociales que las conforman, ha llegado al quiebre de la parábola donde cuanto más se quiere algo se obtiene exactamente la contrario.

El gobierno percibe que las cosas empezaron a cambiar, y que las variables que llevaban a un crecimiento casi en "piloto automático" se empiezan a descontrolar.

Tal vez, el pecado originario fue desconocer la inflación.

Resulta tan necio e infantil romper el termómetro cuando este marca fiebre creyendo evitarla que aún me pregunto cómo puede ser que esto suceda en un país con tanta gente inteligente y además, se prolongue en el tiempo.

Eso sucedió y sucede aún con el INDEC (el organismo oficial que mide la inflación y que brinda un guarismo que resulta increíble) y sin ir más lejos, en estos días otra provincia de las que daba un índice independiente, acaba de dejar de hacerlo, es decir, decidió también romper el termómetro. Me refiero a la provincia de Mendoza.

Con el termómetro de la inflación roto, se negó también que durante casi cinco años hemos tenido un promedio de inflación anual del 23% según índice publicado por el Congreso Nacional.

Con un tipo de cambio que ha variado muy poco en esos mismos años, tenemos que los costos en dólares han aumentado un porcentaje cercano al 100% en dólares. Algo que le hace perder competitividad a cualquier país del mundo ya que su productos se tornan "inexportables".

Algunos se preguntarán, pero entonces por qué no se dejó flotar el tipo de cambio y permitió una devaluación que acompañara a la inflación?... Pues justamente porque se la negó como si no existiera, creyendo que se podía manipular y controlar el comportamiento social y de los precios con la voluntad política, en vez de aprovechar para trabajar en las causas de fondo que son siempre la emisión, el déficit fiscal y la inversión.

Sin embargo, esa negación y manipulación de la realidad no hizo más que agravar la situación, puesto que al no haber reconocido la inflación, tampoco se la trató ni se adecuaron el resto de las variables económicas -especialmente el tipo de cambio- en forma gradual y acorde a la realidad que veníamos viviendo. Encontrándose ahora el gobierno ante la disyuntiva que si en pleno proceso inflacionario devalúa súbitamente el peso argentino, corre el riesgo de desembocar en una hiperinflación de la cual nuestro país ya nos tiene acostumbrados con sus nefastas consecuencias.

Si no lo hace, el proceso productivo sufrirá una marcada desaceleración y la pérdida de confianza será total.

Mientras tanto, tenemos un dolar oficial y otro paralelo con una brecha del 30%. Es decir, un "ni" que también tendrás sus consecuencias.

Otra vez el intento de controlar todo cayó en su propia trampa, la de su manifiesta ineficacia, ó peor aún, la obtención de un resultado opuesto al deseado. La existencia de un mercado paralelo y la incesante fuga de divisas al exterior, que ahora pretenden patéticamente detenerla con perros adiestrados en las fronteras... (link)

Lo peor de todo es que en este marco, la primera baja es la "confianza", tan necesaria para que los capitales no sólo no se fuguen, sino que además vengan. Y vengan con finalidad de inversión productiva.

Como muchas veces digo, el capital es como una mujer. Si la querés retener a la fuerza lo único que lograrás es que huya.

No nos queda otro camino que el de aceptar la voluntad de la gente y de las miles de decisiones al mismo tiempo que conforman el "mercado".

Lo contrario es intentar conquistar una mujer a la fuerza, abusando de ella. Y de esa forma, más allá de caer en una actitud repugnante, probablemente obtengamos el opuesto deseado.

El espíritu controlador, el voluntarismo y la intervención en la vida ajena resulta tan repugnante en la vida privada como en la pública, y otra vez complica a la Argentina...





La foto es de René Maltete. 

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