domingo, 20 de mayo de 2012

Uruguay: Entre el "garantismo" y la inseguridad...















El "Garantismo" es una deformación ideológica de las "Garantías Constitucionales". Es decir, se las interpreta de manera tal de justificar indirectamente la delincuencia como forma de "protesta social", ya sea por la pobreza, la desigualdad y/ó la impunidad de "guantes blancos".

El razonamiento sería el siguiente: "Si a los ricos y poderosos no les importa la desigualdad, la pobreza y/ó la impunidad de guantes blancos, entonces que sientan el peligro en su piel hasta que se comprometan con el problema.

Esa visión politizada del delito a llevado a todos los países que la adoptaron a un altísimo grado de inseguridad. Simplemente porque en primer lugar desaparece un componente punitivo muy importante del delito que es la condena social, y luego, porque quien está más cerca de incurrir en el mismo, ya sea por su situación social, económica y/o cultural, no sólo se siente validado socialmente para delinquir (ej. letras de la cumbia villera), sino que además, esa visión política hace que finalmente sea más fácil concretar exitosamente un delito, más díficil ser condenado y en su caso, más fácil ser liberado por la expansión de esta visión política a nivel policial y fundamentalmente, judicial.

Un buen ejemplo para analizar el tema es Uruguay. Simplemente porque hasta hace pocos años era un ejemplo de seguridad continental y mundial. Y ese cambio de situación tiene un correlato con su vida política.

Uruguay tenía un sistema bipartidista compuesto por Blancos y Colorados, hasta que hace siete años, irrumpió por primera vez una coalición de izquierda en el Poder, el Frente Amplio.

Desde ese momento se instauró esta concepción "Garantista" que nunca antes había primado en ese país.

Más aún, siendo su mayor industria la del turismo, la seguridad era patrimonio de todos los uruguayos, y la defendían más allá del obrar político, judicial ó policial.

Paradójicamente, pese a estar viviendo uno de los mejores momentos económicos de su historia. Donde se ha reducido notablemente los tradicionales niveles de pobreza y desigualdad, se ven ahora complicados por una inseguridad que no tenían, y de la foto de un presidente Mujica con un modesto fusca como símbolo de simpleza y honestidad, pasaron a esta caricatura que dá mucha pena a quienes queremos ese país.

Noten que lo más fuerte de la caricatura no es que muestren a un presidente ciego ante la delincuencia, sino la proporciones. El tamaño mucho mayor del delincuente por sobre el "pequeño" símbolo del Estado, su presidente.

Es que cuando la inseguridad toma las calles éso lo que sucede. El Estado abandona una de sus funciones inherentes y primordiales en cualquier constitución democrática del mundo, se "privatiza" la ley al respetarla sólo aquellos que quieren y lo que es más grave aún, el Estado pierde el "monopolio de la fuerza", único monopolio que jamás debería perder.

Insisto que el Uruguay sigue teniendo elevados niveles de seguridad, pero además de servir el caso para explicar los enormes costos que la visión "garantista" del delito tiene en la sociedad, da pena que un país tan lindo y con tan buena calidad de vida, pueda perder su tradición de país seguro. Valor que además, es imprescindible para mantener su merecidísima fama turística.

Esperemos que un cambio muy fuerte de la política, y fundamentalmente, en el compromiso ciudadano, hagan que pronto se recupere un status de seguridad que jamás debió perder, y que es mucho más importante que el de país con grado "inversor" que hoy ostenta en los mercado financieros internacionales.




No hay comentarios: