viernes, 8 de junio de 2012

La crisis argentina y los escenarios posibles














Luego de un largo proceso inflacionario no reconocido ni tratado por el Gobierno, absurdas prohibiciones para importar y exportar, un "cepo" sobre el dólar que generó una brecha con el paralelo del 30%, operaciones inmobiliarias paralizadas, paro nacional del campo por seis días, fábricas que no tienen insumos importados para la producción, importadores con productos en aduana desde hace meses, suspensión de trabajadores, y una clima social caldeado, la Argentina entró en "pausa".

Sin dudas el tema del "dolar" no fue la causa sino más bien el detonante, la gota que colmó el vaso, pero puso a todos en un estado de alerta.

Se rompió el termómetro de la inflación para no reconocerla, pero el dólar no tardó en delatarla.

Todos percibimos que de este estado no se sale sin medidas, la cuales deberán ser en el corto plazo ya que la economía no admite "pausa". En tal sentido, imagino tres escenarios posibles... Dos dentro de la idiosincrasia voluntarista y dirigista del Gobierno, y un tercero sugerido a grandes rasgos por quien escribe.

El primero de ellos sería que el Gobierno esté tomando un tiempo prudencial, una "pausa" para acercar gradualmente el dólar oficial a un paralelo posible de $5,50 intentando colocarse cómo "único comprador" de todos los dólares posibles que el mercado -por obligación legal- deba venderles al precio oficial por abajo de ese "techo".

Esas mismas medidas restrictivas que mencioné al principio, incluyendo la del dólar, servirían además como forma de evitar llegar a la hiperinflación que la abrupta devaluación del peso supondría sobre una economía inflacionaria.

Si bien ya se percibe una fuerte desaceleración de la economía producto de las restricciones y consecuente pérdida de confianza en el sistema, no cabe dudas que la posterior y paulatina devaluación y adecuación de precios relativos podría volver a reactivarla si junto a ella se eliminan el resto de las restricciones.

La exportaciones contarían con un tipo de cambio que les devolvería competitividad y una estructura de costos internos más razonables luego de más de cuatro años de una inflación anual del 18% aproximadamente en dólares. Se recuperaría la parálisis producida y se aprovecharía el buen momento de la región y de los comodities exportables de la Argentina.

Un indicio de este posible escenario es que el Banco Central no ha dejado de comprar dólares durante la semana que llevamos en "pausa", siendo prácticamente el único operador en el mercado de la divisa.

Bajo este escenario, para el mes de agosto ó septiembre y luego que el Banco Central haya hecho "caja" suficiente para pagar sus vencimientos y el déficit público generado, colocado nuevamente el tipo de cambio en un valor más cercano al de mercado, comenzaría un proceso de liberación de todas las trabas, amortiguando las implicancias que sobre una altísima tasa de inflación tendría una devaluación agregada.

La segunda hipótesis sería una completa "militarización" de la economía.

Esto implicaría una pesificación forzosa, la profundización de la discrecionalidad y controles estatales, las restricciones y prohibiciones.

Esta segunda hipótesis, más voluntarista que la anterior y hasta calificaría de "delirante", cumpliría con el historial de la Argentina de hacer una crisis económica cada diez años y una política cada treinta. Es decir, si así fuera ingresaríamos en una desviación definitiva del país, y probablemente, nuevamente a un escenario de caos económico, político y social.

La tercera hipótesis es la que personalmente sugiero en términos generales.

En primer lugar, el Gobierno debe reconocer y enfrentar la inflación.

En tal sentido, la primer medida sería sincerarla a través de una vuelta atrás con la intervención del INDEC. Para ello, reincorporaría a todo el personal jerárquico anterior desafectado y los métodos de medición que durante décadas jerarquizó a ese organismo de estadísticas y censo.

Luego implementaría un plan de reducción del gasto público improductivo, limitaría la emisión monetaria, y devolvería al Banco Central la independencia recientemente perdida.

Liberaría todos los precios. Esto incluye tarifas, dólar, restricciones a las exportaciones e importaciones, y eliminación de subsidios.

Con relación a los subsidios, los reorientaría en monto y calidad hacia aquellos sectores más necesitados teniendo en cuenta los efectos de las nuevas medidas y su condición social.

Dejaría en claro que los mismos no son definitivos ni políticamente discrecionales, sino para amortiguar los costos sociales y acompañar el proceso de reacomodación a la nueva realidad económica. Poniendo a disposición toda la actividad del Estado, subsidios, educación, salud, justicia y seguridad para asegurar la "igualdad de oportunidades" más que la igualdad de las personas, con la filosofía que toda la ayuda brindada es circunstancial y que el objetivo no es crear dependencia y clientelismo político sino promover la inserción social dentro del nuevo esquema.

Este proceso debe ser comandado por un nuevo Ministro de Economía, cuyo nombre y prestigio inspire confianza en los mercados, desafectando a aquellos funcionarios que han venido tomando medidas en contra de la experiencia mundial en la materia.

El nuevo esquema contaría con en el respaldo que dan los 39 mil millones de reservas (47 menos empréstito Banco Basilea y encajes bancarios de depositantes) y el buen clima de negocios que aún prevalece en la región.

Esta sugerencia parece simple y a la vez costosa, pero nos devolvería rápidamente al lugar y destino del cual nunca debiéramos habernos apartado.



La foto es mía.



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