sábado, 6 de octubre de 2012

Por qué el Gobierno insiste en pesificar?

 
 
 
 
 
 
 
 
 







Casi todos los días algún funcionario del Gobierno nos dice lo que tenemos que hacer. En este caso, hasta con nuestros ahorros (link)

Insisten en que debemos ahorrar en pesos porque todo el mundo lo hace, porque hacerlo en dólares "hace daño", porque ahorrar en dólares es sacarlos del mercado y lo relacionan con la "fuga de capitales".

Tengo la impresión que el Gobierno confunde las consecuencias con las causas. De esta forma, considera que "todo el mundo ahorra en pesos" y por eso tiene que obligar a los argentinos a que también lo hagan, cuando en realidad es a la inversa.

Los países en los que sus ciudadanos ahorran en moneda local es porque suelen generar mejores expectativas a futuro. Porque su moneda es tratada con más respeto por las autoridades monetarias defendiendo su valor y porque tienen políticas con bajos ó nulos niveles de inflación que hacen que su moneda goce de estabilidad en cuanto a su poder de compra.

Pero esas decisiones son decisiones libres de mercado. Es decir, los habitantes de dichos países no sienten la necesidad imperiosa de refugiarse en otra moneda porque existen políticas monetarias que resguardan el valor de la moneda local y hace que no haya necesidad de fugar para buscar refugio en otras monedas ni lugares.

Por lo demás, cuando el proceso se hace "obligatorio" -como lo hace actualmente el gobierno argentino- suele generar el efecto contrario, profundiza la tendencia hacia el ahorro en la divisa extranjera, sobrevalora innesariamente la misma y finalmente, invita a la fuga.

Tampoco es cierto que el ahorro en dólares signifique una salida de los ahorros del sistema. De hecho, hemos asistido en los últimos años a una gran movilización de la construcción -llamada "madre de las indstrias" por el impulso que genera en otras industrias relacionadas- la cual se ha manejado exclusivamente en dólares.

Más aún, dicha propensión del gasto del ahorro en dólares en la construcción y hasta en la industria automotriz, demuestra claramente que la propensión de los argentinos hacia el dólar no resulta de una perversa tendencia nacional, sino simplemente de la búsqueda de monedas y/o bienes durables que de alguna manera preserven el poder adquisitivo de su ahorros que la moneda local no asegura.

Por lo demás, no es el ahorro en dólares lo que genera la fuga, sino la desconfianza que genera un sistema que apela a la compulsión, a la obligación y desconoce la libre voluntad de sus ciudadanos.

En vez de tratar de entender el motivo por el cuál los argentinos quieren ahorrar en dólares y eventualmente fugarlos, tratan de impedirlo a la fuerza, algo que salvo una militarización de la economía resulta imposible. Y a la larga, será imposible de cualquier manera.

Si se tratara de entender más que de castigar la tendencia natural del mercado, se buscaría trabajar sobre las causas que generan esa propensión y fuga.

Seguramente dicho trabajo debería estar orientado a terminar con la inflación que desvaloriza permanentemente la moneda local, a respetar la libre voluntad de los ciudadanos sobre sus ahorros, a resguardar el derecho de propiedad sobre los mismos, y fundamentalmente, la seguridad jurídica que implicaría la aplicación irrestricta de los mandatos de la Constitución Nacional tanto por parte del Ejecutivo, del Legislativo y especialmente, del Judicial.

No hay nada que quite más confianza al sistema que cuando el Estado apela a la fuerza, a la coerción en vez de generar espontánea confianza en el sistema.

Simplemente porque genera mayores dudas.

Porque se comienza a relacionar que en una economía donde se manipulan los índices y estadísticas públicas, el único elemento delator de la realidad económica lo constituye la cotización la moneda que justamente dicho gobierno no puede emitir. Es decir, el dólar.

Moneda que seguirá siendo refugio de valor, de evasión y de inversión productiva en la medida que el Gobierno no demuestre durante décadas que es capáz de emitir una moneda estable, de erradicar la inflación que la debilita, de establecer un sistema financiero que respete los derechos de los ahorristas, y fundamentalmente, que cualquier decisión relacionada con la economía tienda más a provocar confianza y convicción que miedo y coerción.






La foto es de Steve McCurry.



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