viernes, 16 de agosto de 2013

Cuando el Estado distorsiona...

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

La crisis económica del 2001 generó una reacción posterior tendiente a hacer lo contrario de lo que se venía haciendo.
 
El gobierno kirchnerista entendió que la causa del colapso fue la tendencia "liberal" impresa a la economía por el entonces Ministro Cavallo, y por lo tanto, a partir de su asunción en el 2003 su politica se baso en devolverle todo el poder al Estado.
 
Implementando políticas dirigistas, expansivas, con gran emisión monetaria, aumento del gasto público, las cuales, aplicadas sobre una economía quebrada, en deflación, los resultados serían en principio alentadores.
 
Pero cuando se debió sacar el pié del acelerador, se le buscó una justificación ideológica, forzada, para seguir con su expansión, al que la presidente Cristina Kirchner llamó "sintonía fina".
 
Esta originó un avance generalizado del Estado sobre toda la economía, intentando dirigirla como si fuera una computadora, olvidándose que la misma tiene vida e identidad propia, la cual se forma por la toma de millones de decisiones por minuto por parte de los operadores de mercado que el Estado, no sólo no puede ni logra captar, sino tampoco modificar.
 
Es que la idea de fomentar el consumo artificialmente desde el Estado, podía ser una buena receta para reanimar una economía colapsada, pero una vez que esta entró en funcionamiento, intentar reemplazar las decisiones de los operadores del mercado, entre elllos, vos y yo, implicaba una intervención artificial que no tardaría en traer sus consecuencias.
 
Entiendo que el Gobierno las conocía, porque a decir verdad, las consecuencias del Estado como principal actor económico son conocidas desde hace varias décadas en economía, pero ya le habían "tomado al gusto".
 
Es que tal como se suele decir, con alto consumo y baja desocupación se ganan todas la elecciones. Y si de algo se caracteriza cualquier gobierno peronista, es su afan de permanencia en el Poder.
 
Pero como decía, seguir induciendo artificialmente el consumo mediante emisión monetaria y aumento del gasto público progresivo, genera sin dudas una demanda creciente, la cual, si no es acompañada por un aumento en la oferta se produce un fenómeno llamado inflación.
 
Cuando en vez de "sacar el pié del acelerador" en el momento que se llegó a un equilibrio de mercado, dejando que los actores sociales formadores de la oferta y demanda vayan creciendo ya por sus propios medios y méritos en forma libre y consensuada, se intentó seguir sosteniendo la demanda sin generar las condiciones de "confianza" necesarias para expandir la oferta (inversión), el cuello de botella se transformó primero en inflación y luego, en otro intento estatista probadamente ineficiente por siglos, en una economía totalmente controlada (control de precios).
 
El "control de precios" duró poco, y en donde más se sostuvo generó desabastecimiento.
 
Esta mentalidad de creer que el Estado puede intervenir y dirigir todo exitosamente no terminó allí.
 
Como las estadísticas inflacionarias del INDEC eran también manipuladas por el Gobierno, como quien rompe el termómetro para no tener fiebre, no se reconocía ni reconoce la inflación, la desvalorización de la moneda que el propio Estado generaba estalló por el único índice que no puede controlar, el tipo de cambio. Más concretamente, el precio del dolar.
 
En este afán de controlar y dirigir todo, no tuvieron mejor idea que desconocer también al "delator", y por lo tanto, se implementó un curioso "cepo cambiario".
 
Prohibiendo el atesoramiento en dólares, eliminando el mercado de divisas, y creando un "tipo de cambio oficial" al que supuestamente la economía debía seguir, desconociendo el verdadero "termómetro" sobreviviente al INDEC que era el mercado de cambio paralelo ó blue.
 
Esta restricción "manu militari" de todas las variables naturales de la economía nos ha llevado a una verdadera distorsión económica donde no sólo no se logra solucionar los problemas de fondo, sino que se ha llegado incluso a resultados opuestos a los buscados.
 
Así, se intentó por ejemplo evitar las importaciones, y no sólo se contrajo la oferta porque gran parte de los insumos provenian del exterior, sino como se sabe, terminó por perjudicar las exportaciones.
 
A su vez, al intentar detener el aumento de precios, se prohibió la exportación de determinados productos para que no fueran al exterior en busca de una moneda fuerte y se destinaran al consumo interno. Sin embargo, desalentados por las trabas y falta de rentabilidad, se terminó destruyendo las exportaciones tradicionales de la Argentina, como la carne y el trigo, perdiendo mercados internacionales y sus divisas, sin que tampoco se haya logrado bajar los precios internos de dichos productos.
 
Al intentar el Gobierno mostrar que el tipo de cambio era estable, se vió obligado a restringir su demanda, ya que la misma se había disparado en la certeza que el dólar que vendía el gobierno no era real, estaba subvencionado por las reservas y la demanda se hizo así exponencial.
 
De esta forma, el "cepo cambiario" se fue profundizando cada vez más, aplicándose a los viajeros al exterior y a la importación de bienes de consumo suntuosos.
 
Pero los resultados disvaliosos no tardaron en llegar. Más aún, se han generado situaciones absurdas.
 
Como constitucionalmente el Estado no puede prohibir los viajes al exterior, al menos lo que son "paquetes turísticos" y gastos con tarjeta, es decir, otra vez controlables por el Estado, el Gobierno tuvo que aceptarlos al único tipo de cambio que reconoce que es el oficial, es decir, el subvencionado por el Estado.
 
En tal sentido, el consumidor entendió claramente el despropósito estatal y lejos de verse limitado, terminó por viajar como nunca antes lo había hecho, tratando de utilizar un dólar subvencionado por todos, que en la práctica implicaba un abaratamiento notorio de los viajes al exterior.
 
Así, por intentar en forma forzada evitar el gasto de dólares en viajes al exterior, generó una distorsión de mercado tal que terminó por fomentarlo, llevando en los meses del año un gasto por tal concepto cercano a los 4 mil millones de dólares.
 
Por otro lado, quiso limitar la importación de bienes suntuarios, pero como gran parte de nuestra economía se mueve con ellos, no podía prohibir, por ejemplo, que no se vendieran más autos importados so pena de caer ya en un régimen a la cubana. Qué hizo entonces? Aplicó también el dólar oficial para la compra de automóviles.
 
Qué generó? Que como nunca antes, se vieran autos de altísima gama circulando por las calles del país. Ya que todo gasto que se pueda hacer en dólares al tipo de cambio oficial, se aprecia claramente barato simplemente porque ese precio del dólar está sostenido artificalmnte por las reservas de todos los argentinos, que además del pago de deuda externa, ahora se utilizan también para subvencionar viajes al exterior y la compra de autos importados, entre otras necesidades no fundamentales para un país que quiere crecer.
 
Por otro lado, esta propensión al consumo vanal digamos, está a su vez acentuado por la percepción que cualquier gasto en bienes, incluyendo los de uso y/o servicio, representan una forma de proteger los ahorros de un proceso inflacionario imparable desde el momento en que se lo niega.
 
Pero de esta forma, nadie ahorra... Ni el Estado ni los ciudadanos, los cuales viven el día como si fuera el último. Sin poder invertir en monedas fuertes, y /o en bienes durables, como viviendas, ya que los mismos sólo se operan a valor de mercado, es decir, a valor de la única moneda que el gobierno no puede dirigir ni emitir que es el dólar.
 
De esta forma, luego de 10 años de gobierno estatista y dirigista, las políticas aplicadas generaron tal grado de distorsión en el mercado que terminaron por generar no sólo los resultados opuestos a los buscados en su implementación, sino además, muy disvaliosos en términos de mediano y largo plazo para un país que no logra inversión -ni local ni extranjera- que amplié la oferta para acompañar el crecimiento de la demanda sin aumentar precios (inflación).
 
El país terminó así rifando sus reservas para subvencionar turismo, importación de bienes suntuosos, compra de bienes de consumo y servicios, y no logra movilizar el mercado de la innovación, de la tecnología, del valor agregado, ni siquiera el inmobiliario y de la construcción (madre de las industrias) los cuales están casi paralizados desde hace ya más de un año a la espera de un sinceramiento de las variables económicas que una política estatista, dirigista y manipuladora se resiste a reconocer.
 
 
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