miércoles, 20 de noviembre de 2013

El costo del control, la manipulación y el voluntarismo político.


 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 






Controlador, manipulador, voluntarista, son términos conocidos por todos nosotros que vienen del campo de la psicología.

Todos ellos suelen tener una connotación claramente negativa, incluso para aquellos que no creen en la psicología.

Sin embargo, en política la cuestión no se ve tan clara.

A veces ser voluntarista se confunde con querer, controlar con evitar excesos ,y manipular con generar convicción.

Si tuviera que decir cuál es el error de base del actual Gobierno kirchnerista es básicamente entender la vida política, económica y social de un país en esos términos.

Curiosamente, los pseudo-progresistas que los sostienen, es posible que tengan muy claro que en sus vidas personales no se logra el amor por "fuerza de la voluntad", no se asegura por su "control" ni sirve "manipular" al otro, sin embargo, no lo ven de la misma forma a la hora de gobernar.

La voluntad puede que sea la base de todo, pero el "voluntarismo" es creer que con ella todo se puede... Algo relativo si nos referimos al terreno pesonal, y totalmente mendáz cuando se trata de cambiar al otro ó a una sociedad entera.

En este sentido, el Gobierno por ejemplo cree que los precios se fijan según la voluntad del funcionario de turno, se puede manipular al empresario y/o al mercado para que así funcione, y en todo caso, aplicar el control estatal correspondiente para asegurar ó forzar el resultado buscado.

Algo similar sucede con el dólar. El Gobierno entiende con razón que los argentinos debiéramos pensar, manejarnos y hasta ahorrar en nuestra moneda. Porque obviamente, es la única que podemos controlar y nos representa, pero eso no es lo que desea la gente, y tiene sus razones cuando ni siquiera el propio Gobierno respeta el valor de la moneda y la deteriora diariamente con emisión-inflación.

Entonces, para asegurar esta voluntad política sobre la divisa extranjera, el Gobierno aplica sobre el tipo de cambio su voluntad y prohibe lo que la gente quiere, fundamentalmente, ahorrar refugiándose en otra moneda ó vender sus inmuebles en dólares y no en moneda nacional.

Para eso, manipula a los mercados queriendo fijar primero el precio del dólar que el Gobierno considera que debe valer, y luego, finalmente, cuando todo esto falla, intenta aplicar su voluntad con controles de todo tipo, incluyendo los "manu militari".

La personalización de esta visión de la vida política y económica del país, está encarnada en el recientemente "renunciado" Secretario de Comercio, Guillermo Moreno.

El era encargado de decirle los precios de sus productos a los empresarios. Y cuando estos le decían que no hacían rentable su producción, el funcionario los compensaba con aumentos en productos dirigidos a sectores de mayor capacidad económica, generando una distorsión en la economía que finalmente terminaría en el mismo resultado:  Una inflación galopante, ya que es imposible que los precios lo fije la voluntad de un funcionario de gobierno, porque puede llegar a transferir riquezas pero de nada sirve si simultáneamente impide generarlas ó destruye los procesos productivos.

Algo similar sucedió con el llamado "cepo cambiario". Se prohibió el mercado de cambios de divisas con el fin de intentar a fuerza de voluntad que la gente y empresas pesificaran sus precios y sus "mentes", algo en lo que obviamente, no tuvo éxito.

Se acentuó la pérdida de reservas a un ritmo inusitado para sostener toda la desconfianza que ellos mismos generaron en el sistema. Desataron una mayor demanda para ahorro en la "moneda prohibida", y las incoherencias propias de querer controlar todo generó resultados tan disvaliosos como que resultara buen negocio comprar bienes suntuosos y superfluos como autos importados, ó viajar al exterior.

Obviamente, esa distorsión se produjo porque lo que la voluntad del funcionario controlador arregla por un lado, lo desarregla por otro. Así se puede pagar autos importados de alta gama al precio del dólar que voluntariamente también fija el Gobierno subvencionándolo, lo que terminó generando una injustificada transferencia de riqueza a los sectores más ricos de la sociedad. Es decir, el resultado opuesto al buscado.

Por un lado, el "voluntarismo", la "manipulación" y el "control" mantenía el precio de la leche, pero generaba transferencias de fondos públicos para subvencionar a los sectores más ricos que podían viajar al exterior y/ comprar autos importados.

En definitiva, cuando la voluntad de un Gobierno intenta suplantar las insondables, múltiples y simultáneas decisiones que cada uno de nosotros en forma de elección diaria tomamos cuando vendemos ó compramos una mercadería, servicio ó ahorramos, no sólo no le resulta posible hacerlo en forma exitosa, sino que concluye con resultados exactamente opuestos a los deseados, y muchas veces, paradójicos e indeseables como ilustré anteriormente.

Si oficialmente se quería controlar los precios con esa filosofía, sólo se logro una altísima y sostenida inflación.

Si se quería distribuir la riqueza en forma más justa entre los más humildes, se terminó subvencionando a los clubes de fútbol, a los turistas que viajan al exterior y compradores de bienes de lujo importados, castigando a los más humildes con el impuesto más injusto y que más los afecta que es la inflacion.

Si se quería pesificar la economía, sólo se logró frenar la llamada "madre de las industrias", la construcción, desalentar la inversión de todo tipo y paralizar al mercado.

Si se quería mantener bajas las tarifas de los servicios públicos subvencionándolas, sólo se logró el desabastecimiento energético del país al desincentivar la inversión en buscar nuevos recursos energéticos por parte de las empresas del sector, obligandonos como país primero a importar energía por cifras cercanas a los 12 mil millones de dólares anuales, y finalmente, terminaremos pagando altísimas tarifas de energía cuando se retiren los subsidios por ser ésta importada.

Todo esto en su conjunto generó además un alto grado de "desconfianza" en el sistema que impide recibir inversiones productivas tan necesarias para recomponer reservas y aumentar la oferta de bienes y servicios que ayuden a bajar la inflación sin recesión.

Sin embargo, a pesar de las riquezas del país y del inmejorable momento internacional que vivimos desde hace al menos  diez años, dichas inversiones permanecen expectantes a la espera de un sinceramiento de las mentiras oficiales. Las que empezaron con negar la inflación interviniendo al Indec y terminaron con la renuncia del símbolo del voluntarismo y control, Guillermo Moreno.

Pero más allá de los hombres y los nombres, lo que importa para un país son las políticas que se adoptan y sustento en el tiempo, por lo que esperemos que estos cambios que inició la presidente Cristina Kirchner no sólo sean de nombres y de medidas aisladas, sino que impliquen abandonar definitivamente esta visión de la política orientada por la manipulación del relato, el voluntarismo político y el control estatal de la vida personal, social y empresaria del país.





Imágen web.

 

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